miércoles, 20 de julio de 2011

Sócrates el predicador

Con perdón, pero Sócrates en su apología me parece un predicador demente, moralino y mamón.

El otro día estaba en Coyoacán con mi hermano, y nos sentamos en una banca justamente frente a un predicador demente y moralino, que caminaba de un lado a otro increpando a nadie en particular, con una Biblia en una mano y el índice alzado en la otra. Decía que nuestras vidas eran desgraciadas, que habíamos pecado, que aunque riéramos sentíamos un gran vacío... Además de suscitarme risa y lástima, el predicador me recordó dos grandes palabras de Brian Kinney (el protagonista promiscuo y ególatra de Queer as Folk): Judge yourself.

¿Qué tiene que ver esto con Sócrates? He estado leyendo El nacimiento de la tragedia de Nietzsche, y por ahí del capítulo doce, cuando se acusa a Eurípides y a Sócrates de arruinar la maravillosa capacidad trágica y dionisíaca de la cultura griega, quise releer la Apología.

Hasta donde voy, no he alcanzado a comprobar a cabalidad las detracciones de Nietzsche, pero en cambio, esta nueva lectura (tres años después de la primera) me produce una impresión nueva y contundente: Sócrates se me aparece como engreído, falsamente modesto, patéticamente autovictimizado, investido por "derecho divino" con una misión sin pies ni cabeza: socavar el "fundamento" de saberes perfectamente valederos y la pretensión de poseerlos, sólo porque quienes los ejercen no los pueden explicar de forma satisfactoria para él.

Veo en esto una necedad idéntica a la que Rorty denuncia en la "filosofía del conocimiento", de Descartes a Kant y más allá - salvo que los modernos se habrían dedicado a "proveer de fundamento" a los demás saberes, mientras que Sócrates se habría empeñado en demostrar su falta.

Soy muy susceptible a estos temas en parte porque trabajé tres años en escuelas indígenas, y era recurrente la necesidad de discernir de entre los saberes (tanto escolares como comunitarios), aquéllos valiosos, y darles su lugar como tales, sin dejarse engañar por consideraciones que no venían al caso.

Ustedes disculparán si estas notas son muy rudas y torpes - hechas con "brocha gorda", como dice una maestra. Prometo seguir estudiando y reportarme cuando tenga más elementos que confirmen, descarten o maticen estas impresiones.

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