Los bebés pueden rotar sus extremidades a cualquier ángulo: su flexibilidad es incomparable con la de los adultos. Además, antes de empezar a caminar, no hay diferencia entre brazos y piernas; ambos pares deben ser igualmente fuertes para soportar el peso del cuerpo y servir a la movilidad. El adulto erguido se vuelve un animal considerablemente diferente en este sentido: los brazos conservan la flexibilidad, pero pierden fuerza, mientras que las piernas ganan fuerza y pierden flexibilidad.
Esto es algo de lo que me maravilla de la gimnasia olímpica (y que explica en parte que ésta sólo pueda aprenderse desde edades muy tempranas). Las gimnastas pueden levantar sus piernas con ligereza, como quien saluda, y pueden caminar y hasta saltar con sus brazos. En esto, la gimnasia olímpica es un emblema de lo que acaso hubiera sido nuestra corporalidad en devenires civilizatorios alternativos.
Por otra parte, me maravilla esto: Hay deportes que exigen un entrenamiento específico para hazañas físicas particulares, tales como dominar la pelota y al contrincante en el tenis, o alcanzar las mayores velocidades humanamente posibles en el atletismo. Pero sólo la gimnasia configura el cuerpo como un fin en sí, llevándolo al máximo de sus capacidades de vigor, gracia y acrobática. En la gimnasia, el cuerpo entero, valiéndose casi sólo de su propia fuerza, desafía la gravedad y la rigidez, en contra del cuerpo mismo, y en el cuerpo mismo recae también el protagonismo estético.
Hasta la adolescencia, solía soñar que volaba - ésa era la forma que cobraban mis pulsiones de libertad irrestricta, desafiante de los límites físicos. Ahora, en vez de eso, sueño con abrir las piernas a 180 grados, con levantar el peso de mi propio cuerpo pendida de la barra, o con recuperar la vertical graciosamente después de ser un ovillo que gira en el aire.
Esto es algo de lo que me maravilla de la gimnasia olímpica (y que explica en parte que ésta sólo pueda aprenderse desde edades muy tempranas). Las gimnastas pueden levantar sus piernas con ligereza, como quien saluda, y pueden caminar y hasta saltar con sus brazos. En esto, la gimnasia olímpica es un emblema de lo que acaso hubiera sido nuestra corporalidad en devenires civilizatorios alternativos.
Por otra parte, me maravilla esto: Hay deportes que exigen un entrenamiento específico para hazañas físicas particulares, tales como dominar la pelota y al contrincante en el tenis, o alcanzar las mayores velocidades humanamente posibles en el atletismo. Pero sólo la gimnasia configura el cuerpo como un fin en sí, llevándolo al máximo de sus capacidades de vigor, gracia y acrobática. En la gimnasia, el cuerpo entero, valiéndose casi sólo de su propia fuerza, desafía la gravedad y la rigidez, en contra del cuerpo mismo, y en el cuerpo mismo recae también el protagonismo estético.
Hasta la adolescencia, solía soñar que volaba - ésa era la forma que cobraban mis pulsiones de libertad irrestricta, desafiante de los límites físicos. Ahora, en vez de eso, sueño con abrir las piernas a 180 grados, con levantar el peso de mi propio cuerpo pendida de la barra, o con recuperar la vertical graciosamente después de ser un ovillo que gira en el aire.
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