A mi modo de ver, se puede y debe hacer una limpia distinción entre el concepto práctico y el filosófico de "verdad" (esta nomenclatura es tentativa, pero creo que adecuada, aún cuando no implique que la noción práctica no se use en el ámbito filosófico ni viceversa). Creo que hoy contamos con herramientas conceptuales suficiente para hacerlo, evitando así perplejidades y exaltados malentendidos.
El concepto filosófico de verdad es, a grandes razgos, el que equipara verdad a justificación por parte de la comunidad epistémica relevante. Es la perspectiva que adopta quien analiza al conocimiento desde una mirada externa, no involucrada.
El concepto práctico de verdad, por otro lado, es el que equipara verdad a correspondencia con los hechos. Es la perspectiva que adopta quien está personalmente involucrado en búsqueda de alguna verdad, de algún conocimiento concreto.
Los malentendidos vienen cuando se confunden estos dos niveles. El señalamiento filosófico de la construcción social del conocimiento no tiene, por sí mismo, ninguna autoridad para socavar los conocimientos producidos en los contextos epistémicos relevantes. Ian Hacking acertadamente observa que "X es socialmente construido" no equivale a "X es malo".
En el momento en que el filósofo critica saberes o creencias particulares, ha pasado al terreno práctico de la verdad: se ha erigido en interlocutor relevante para reclamar la posesión de la verdad sobre un asunto. En el momento en que evalúo un conocimiento o sus fundamentos con miras a rebatirlo, confirmarlo, desenmascararlo, mejorarlo o pronunciarme sobre su verdad o falsedad; he pasado al terreno práctico, aunque lo haga desde la trinchera de la filosofía.
Puede ocurrir también que una máxima filosófica sobre el conocimiento - por ejemplo, "todo conocimiento es revisable" - influya en el terreno práctico, pero solo lo hará de un modo indirecto, inspirando, por ejemplo, al experto que tiene las herramientas para retar las creencias aceptadas de su campo y así contribuir a su avance. Será su expertise, su prudencia especializada la única capaz de determinar si la revisabilidad teórica de todo conocimiento puede, en ese momento, aplicar a su campo de saber.
La defensa de la verdad como valor moral y epistémico tiene plena vigencia en multitud de terrenos prácticos, y consiste en la denuncia, justamente, de vicios morales y epistémicos propios de cada ámbito. "Presunto culpable" denuncia las prácticas que llevan a la mentira y a la injusticia en el sistema penal, y muestra en qué sentido es deseable la verdad y por qué. Las críticas al genocentrismo se quejan de que las ciencias de la vida se alejen de la verdad por la adhesión dogmática a metáforas exageradas y no justificadas, y denuncian las múltiples consecuencias de dicho error.
Una admonición filósofico/práctica viene bien cuando cierta comunidad epistémica olvida que su legítima detención de su reino de verdad está directamente ligada a sus propios haberes, valores y herramientas epistémicas; y pretende entonces extrapolar su muy especializada caracterización de la verdad a otros terrenos que desconoce. Eso es un salto inválido de lo práctico a lo filosófico. La buena filosofía tiene aquí mucho trabajo que vale la pena.
Continuará...