Hace unas semanas conocí a Sonia del Valle, la periodista de Reforma que se jacta de haber posicionado el tema educativo en medios como un tema de política pública, en lugar de tenerlo relegado en la categoría de "vida cotidiana" o en la de "declaraciones de políticos". Varios compañeros de la Coalición Ciudadana por la Educación nos reunimos con ella para que nos orientara en nuestra estrategia de comunicación. Si algo se me quedó grabado de ese encuentro con Sonia fue su insistencia - y demostración - de la importancia de "realmente saber" de lo que se está hablando para poder ser tomado en serio y para poder incidir.
(Dicho sea de paso, mi gran aprendizaje de los últimos meses ha sido justamente darme cuenta de la necesidad y la potencia del conocimiento, la información y la argumentación, en diversos ámbitos, incluyendo la filosofía. Por cierto, ese fin de semana que empezó con la reunión con Sonia el viernes, y continuó con dos días de asamblea de ANCA en Guadalajara, fue intensivo en ese aprendizaje, pues se reveló con mucha nitidez hasta qué grado la fuerza de ANCA residía en sus especialistas. Durante las 6 horas de viaje de ida y las 6 de regreso, fue recurrente entre la tropa el tema de "valorar el conocimiento", hasta convertirse en chiste)
En fin. Todo esto sale a colación porque hoy, 20 de julio de 2011, Sonia del Valle publicó tres magníficas notas en Reforma (una de ellas en primera plana) a propósito de la implementación del programa HDT (Habilidades Digitales para Todos) en 150 mil aulas de 5° y 6° grado. HDT es poco más que la repetición del programa Enciclomedia - quizás la diferencia más significativa es que el equipo contemplado en HDT incluye conectividad a internet.
Yo trabajé en un aula con Enciclomedia en El Llano de los Naranjos, un rancho en el municipio de Tequila, y mi impresión fue que semejante despliegue tecnológico, junto con los contenidos de Enciclomedia resultaba ridículo y nada pertinente frente al reto educativo que enfrentaba. Después trabajé en una secundaria multigrado en Los Naranjos (otro rancho cercano), que contaba con varias PCs, sin internet. En la sede del CONAFE de Tequila se nos instruyó inscribir nuestras respectivas escuelas en el programa Escuelas de Calidad, solicitando, todos por igual, dinero para comprar computadoras. El asunto me parecía muy irónico, porque mis compañeros instructores sufrieron durante horas en un cibercafé intentando investigar cotizaciones en internet y elaborando sus documentos en Word... ¿por qué entonces se había decidido que era prioritario tener equipos, si evidentemente los instructores no iban a poder enseñar a usarlos?
Mi siguiente encuentro con la tecnología en contexto educativo fue durante los tres años que trabajé con tres preparatorias indígenas. Ahí las situaciones variaban mucho, según si se contaba o no con electricidad, máquinas y/o internet; pero también variaban enormemente dado que los diferentes maestros usaban (o no usaban) los equipos de maneras muy diferentes, y con resultados desde pésimos hasta excelentes. Sería muy largo describir todos los detalles - quizás sería interesante hacerlo en un texto más en forma -, pero mi conclusión fue la siguiente:
Para administrativos, directivos y maestros, resulta casi indispensable tener acceso a computadoras e internet, como herramientas de trabajo para comunicarse, investigar, elaborar todo tipo de documentos y material...
Pero en el proceso de enseñanza-aprendizaje con los alumnos, la cosa tiene sus enormes asegunes, y me parece más o menos así: la presencia y uso de tecnología en la escuela son positivos en la medida en que se usen para lo que realmente sirven, lo cual implica que los alumnos lo descubran de forma autodidacta o que sean orientados a ello (en clases formales de informática o en espacios informales) por maestros que a su vez conocen, aprecian y dominan sus posibilidades, al tiempo que disciernen sus riesgos.
Es decir, la tecnología me parece positiva en la medida en que sea aprovechada y socializada como lo que es: una herramienta. Cualquier otra lógica me parece alrevesada y condenada al fracaso. Es absurdo y a veces contraproducente meter con calzador el uso de la tecnología como "apoyo" para adquirir otros saberes (un buen maestro siempre se pregunta a) qué quiere enseñar y b) cuál es la mejor manera de hacerlo, y la respuesta a esto último sólo en ciertos casos implicará tecnología); o como si ella fuera pedagógica en sí misma (algunos tienen la esperanza de que las herramientas multimedia compensen los malos maestros).
De nuevo, sería muy largo explicar todo esto a detalle, pero baste aquí con un par de ejemplos del malo uso que puede llegar a tener la tecnología en la escuela. Uno es la confianza irresponsable en el "material multimedia": fantásticos programas educativos a los que el maestro se limita a pusharle play. Sucede lo mismo que cuando se los abandona a su suerte con las lecturas: el aprendizaje no se logra. (En Montreal yo tenía un maestro experto en Aristóteles, André Dorion, que señalaba patéticamente la enorme patalla al centro y al frente del aula, y luego su pequeño escritorio apretujado en la esquina, y se lamentaba "Le prof est maintenant la, relégué au coin... un simple manipulateur de gadgets...). Otro es lo contraproducente que puede resultar engargar ciertos trabajos a computadora (pérdida de tiempo, copy-paste, corrección automática de ortografía), y la falta de discernimiento para decidir cuándo es pertinente.
En fin. todas estas experiencias me dotaron de posturas en lo que a tecnología y educación se refiere. Pero al leer hoy en las notas de Sonia del Valle que tanto Enciclomedia como HDT carecen de estudios retrospectivos o prospectivos que den indicios de su efectividad, que se basan en modelos pedagógicos obsoletos y que obedecen más a lógicas burocráticas e ideológicas que educativas, triste y jubilosamente recibo confirmación de lo acertado de mis intuiciones, por un lado, y de su aplicabilidad más general, por el otro.
Un caso más - y de los gordos - que hace apremiante la necesidad de #sensatezalaula.
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